giovedì 1 maggio 2008

En una playa de Godenholm








Desnudo, completamente. Deben ser como las diez de la mañana y despierto con el recuerdo de haber estado en un sueño. En una de mis manos hay una copa de bronce, que entierro en la arena y luego alzo para contrastar sus dorados reflejos contra el azul del cielo.
Bebo arena, a tragos fuertes y firmes. Siento la arena pegada en mi lengua, paladar y garganta. Se atora un poco, pero hago los esfuerzos necesarios para tragar toda. Una vez vacío el cáliz, le dejo a un lado.

Me pongo de pie, orgulloso de mi desnudez. Lamentablemente no hay nadie cerca para verme, para excitarse, para provocar en él o ella algo, molestia o deseo.
Camino hacia el mar y le doy permiso al agua para que moje mis pies. Y levanto la mirada por sobre mis pies, por sobre mi pene, por sobre el mar que se postra frente a mí, para ver a la distancia un cubo negro de hielo flotando lentamente hacia la playa. Es enorme.
...
Estoy en posición de loto sobre el gran cubo de hielo negro, flotando a la deriva de un tranquilo mar. Visto ropas amplias. Y medito entre la brisa, entre el cariño del sol sobre el hielo seco y oscuro, sobre un horizonte curvo e infinito...
Al abrir los ojos, una pequeña flor, blanca y amarilla, en frente de mí, saludando.
Su aroma lo he sentido en algún lugar y tiempo. Y eso me inquieta... en algún lugar he sentido tan agradable aroma... tan dulce perfume...
Y recuedo su cuello, y recuerdo su roce...
Me doy cuenta de que estoy dormido o muerto, pero que es preciso despertar.



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